EL AÑO POLÍTICO 2005 : LAS CARENCIAS DE LA CLASE PARLAMENTARIA

Cuando comenzó el periodo de setiembre, ya se sabía que el ambiente iba a andar caldeado. En parte es lógico pensar que cada partido político intente sacar la mayor partida del tiempo que dispone para ejercer sus acciones partidistas, a veces sin siquiera pensar en los ciudadanos. Con ello, no prejuzgo a unos y a otros sino que pienso que afortunadamente no tengo mi libertad hipotecada, como lo tienen tantos afiliados a esos partidos. 
Lo que es evidente que nuestro panorama político de hoy no tiene figuras que brillen en la oratoria y a veces hasta pequen de mal gusto en la lingüística personal al parlamentar. Además, parecen insistir con sus mojigangas en tomar a la ciudadanía por tontos que no saben decidir por si mismos las bondades o maldades de los actos de los políticos.
Cada uno debe saber su responsabilidad ya esté en el poder o en la oposición. El ejercicio del cargo político implica un compromiso con los votantes para los cargos electos y con el conjunto del orden jerárquico del Estado Español para los nombrados. Cuando no se respeta esas reglas de juego, el infractor no merece ejercer la responsabilidad política que le han otorgado.

Como ciudadano, haya votado o no al Gobierno Español en ejercicio, le debo el respeto a ese Gobierno, como la autoridad que ostenta la representación del pueblo soberano que incluye a los políticos. Ese Gobierno debe ejercer en nombre de todos los ciudadanos con respeto a la voluntad mayoritaria y con respeto a los distintos puntos de vista.
Cuando escucho o leo expresiones poco acertadas por parte de los que deben marcar la pauta y dar ejemplo, me pregunto si ciertos cargos políticos merecen el respeto de esta ciudadanía.
Un ciudadano de a pie, como soy, pero con conocimientos de ciertos entornos de relaciones internacionales, puedo decir que la conducta de algunos denota su falta de interés en los asuntos que realmente afectan e interesan a los ciudadanos rasos.
Quizá, lo que realmente ocurre es que mientras el que gobierna dispone de tiempo hasta el 2008 para tener que preocuparse por la reelección, el que esta en la oposición ve como el goteo de los segundos del reloj le están dejando con poco margen de maniobra para seguir soñando con sus ambiciones de llegar a la Moncloa.
En el intento de descalificar, jamás se debe implicar a España. Ni tiene derecho el que gobierna ni el que aspira a hacerlo. De hecho, es lamentable cuando se olvida que ha habido palabras de crítica a miembros del Gobierno de España que han llegado a
involucrar a dignatarios de la Unión Europea o de otros países. Me avergüenzo como español que se nos asocie con políticos que no dan la talla en asuntos internacionales ni piensan dos veces antes de soltar tales patrañas.
Seamos serios, señores . . . .

Lo que es evidente que nuestro panorama político de hoy no tiene figuras que brillen en la oratoria y a veces hasta pequen de mal gusto en la lingüística personal al parlamentar. Además, parecen insistir con sus mojigangas en tomar a la ciudadanía por tontos que no saben decidir por si mismos las bondades o maldades de los actos de los políticos.
Cada uno debe saber su responsabilidad ya esté en el poder o en la oposición. El ejercicio del cargo político implica un compromiso con los votantes para los cargos electos y con el conjunto del orden jerárquico del Estado Español para los nombrados. Cuando no se respeta esas reglas de juego, el infractor no merece ejercer la responsabilidad política que le han otorgado.

Como ciudadano, haya votado o no al Gobierno Español en ejercicio, le debo el respeto a ese Gobierno, como la autoridad que ostenta la representación del pueblo soberano que incluye a los políticos. Ese Gobierno debe ejercer en nombre de todos los ciudadanos con respeto a la voluntad mayoritaria y con respeto a los distintos puntos de vista.
Cuando escucho o leo expresiones poco acertadas por parte de los que deben marcar la pauta y dar ejemplo, me pregunto si ciertos cargos políticos merecen el respeto de esta ciudadanía.

Un ciudadano de a pie, como soy, pero con conocimientos de ciertos entornos de relaciones internacionales, puedo decir que la conducta de algunos denota su falta de interés en los asuntos que realmente afectan e interesan a los ciudadanos rasos.
Quizá, lo que realmente ocurre es que mientras el que gobierna dispone de tiempo hasta el 2008 para tener que preocuparse por la reelección, el que esta en la oposición ve como el goteo de los segundos del reloj le están dejando con poco margen de maniobra para seguir soñando con sus ambiciones de llegar a la Moncloa.
En el intento de descalificar, jamás se debe implicar a España. Ni tiene derecho el que gobierna ni el que aspira a hacerlo. De hecho, es lamentable cuando se olvida que ha habido palabras de crítica a miembros del Gobierno de España que han llegado a
involucrar a dignatarios de la Unión Europea o de otros países. Me avergüenzo como español que se nos asocie con políticos que no dan la talla en asuntos internacionales ni piensan dos veces antes de soltar tales patrañas.Seamos serios, señores . . . .
